Durante años, mi trabajo comenzó frente a personas que llegaban con dolor, frustración o miedo de no volver a hacer aquello que amaban. Como kinesióloga, entendí que rehabilitar no era solamente recuperar un músculo, una articulación o un gesto deportivo. Era devolver confianza, recuperar autonomía y acompañar a alguien hasta volver a sentirse capaz. Después de 10 años dedicada a la rehabilitación deportiva y al trabajo con deportistas de alto rendimiento, esa forma de entender mi profesión se convirtió también en mi manera de emprender. Así nació Kinestrong: un espacio para acompañar a las personas en distintas etapas de su vida, desde la rehabilitación y el retorno al deporte hasta el entrenamiento, la prevención y la recuperación. Hoy sigo siendo kinesióloga y sigo creyendo en el poder del movimiento. Pero también soy una mujer que decidió transformar su profesión en una empresa con propósito.